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Inicio: Ecología - Energías renovables
La basura, materia prima que también se transforma en energía
     
En España se generan al año 15 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos, lo que significa que cada ciudadano produce 400 kilos de basura al año, más de un kilo al día. Convertir esos desechos urbanos en energía es factible. Sin embargo, constituye una de las opciones más complejas de energía renovable, debido a la variedad de materiales orgánicos y a la multitud de procesos de conversión que existen.

El proceso consiste en transformar materia orgánica como residuos agrícolas e industriales, desperdicios varios, aguas negras, residuos municipales, residuos ganaderos, troncos de árbol o restos de cosechas en energía calórica o eléctrica. No obstante, aunque se trate de una energía renovable, no es exactamente una energía limpia, ya que la combustión de esta biomasa emite componentes químicos que perjudican las condiciones naturales de la atmósfera.

 

 

 

Detractores y defensores de su potenciación coinciden en que al menos supone un puente intermedio para alcanzar una producción energética basada en métodos limpios y renovables al cien por cien. También afirman que es quizá la opción en la que más pueden intervenir los ciudadanos de a pie, ya que en muchos casos depende de ellos el que los desechos puedan ser aprovechados en la combustión. Por ello, se insiste en la necesidad de popularizar el hábito de distinguir en tres grupos la basura: la orgánica, el vidrio y el cartón. Minimizar el consumo de materias primas como envases o separar de manera selectiva los materiales son acciones que cualquiera puede aportar a la gestión de desperdicios urbanos, para así aprovecharlos en la obtención de energía.

Conversión termoquímica y biológica

La conversión termoquímica utiliza vegetales y desechos orgánicos para producir calor mediante la combustión. Hay varias modalidades: pirólisis (descomposición térmica de materiales que contienen carbono cuando no hay oxígeno), hidrogenación (se obtienen hidrocarburos de desechos orgánicos), hidrogasificación (el estiércol se convierte en metano y etano, al someterlo a presiones elevadas), y finalmente, fermentación y destilación (se obtiene alcohol a partir de granos y de desechos vegetales).

En la conversión biológica se aprovecha el calor que se obtiene de la descomposición de las bacterias aeróbicas (las que requieren oxígeno). Dos claros ejemplos son el tratamiento de aguas negras y de fertilizantes que, sometidos a un proceso de descomposición, producen gas combustible gracias a la digestión anaeróbica.

Desechos orgánicos urbanos, energía del futuro

El ejemplo más conocido de utilización de la biomasa es la madera: la fuente de energía más antigua que conoce la humanidad. La madera se compone de celulosa y lignina, así como de almidón, bálsamos, alcohol etílico, alcanfor, colorantes, taninos, perfumes y resinas. Para producir calor durante la combustión de la madera se requiere oxígeno y se libera dióxido de carbono.

Los desechos orgánicos de las grandes urbes, como los componentes orgánicos de la basura, pueden utilizarse para generar energía eléctrica que pase a formar parte del sistema eléctrico global, pero también sirven como productor de energético doméstico directo, ya que en su descomposición produce el gas metano que se puede distribuir por las canalizaciones. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), está será una de las principales fuentes de energía del futuro, ya que estima que podrá utilizarse entre otras, para el transporte. Aunque también señala que su uso lo determinará la pura necesidad, porque se agotarán los combustibles fósiles.  

Ejemplo experimental en Uruguay

En un gran vertedero de basura de Montevideo se instaló una planta procesadora. Se cavaron en el suelo grandes fosas subterráneas que fueron rellenadas con residuos fecales y cubiertos con arcilla, aislante natural. En la primera fosa o celda se vertieron 80.000 toneladas de estos residuos. Este dispositivo, que produce energía a partir de los gases que libera la descomposición de la basura orgánica, se encuentra en su fase inicial, pero se prevé que genere un megavatio de potencia durante 20 años. Así, tendría la capacidad de alimentar 10.000 picos de luz de 100 watios encendidos las 24 horas del día durante 20 años o el consumo promedio de 300 hogares.

El proceso de descomposición de la basura tarda entre seis meses y un año en iniciarse, pero después desprende gas permanentemente durante 20 años.

 

        

 

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