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Detractores y defensores de su potenciación
coinciden en que al menos supone un puente
intermedio para alcanzar una producción energética
basada en métodos limpios y renovables al cien por
cien. También afirman que es quizá la opción en la
que más pueden intervenir los ciudadanos de a pie,
ya que en muchos casos depende de ellos el que los
desechos puedan ser aprovechados en la combustión.
Por ello, se insiste en la necesidad de
popularizar el hábito de distinguir en tres grupos
la basura: la orgánica, el vidrio y el cartón.
Minimizar el consumo de materias primas como
envases o separar de manera selectiva los
materiales son acciones que cualquiera puede aportar
a la gestión de desperdicios urbanos, para así
aprovecharlos en la obtención de energía.
Conversión
termoquímica y biológica
La conversión
termoquímica utiliza vegetales y desechos
orgánicos para producir calor mediante la
combustión. Hay varias modalidades: pirólisis
(descomposición térmica de materiales que
contienen carbono cuando no hay oxígeno),
hidrogenación (se obtienen hidrocarburos de
desechos orgánicos), hidrogasificación (el
estiércol se convierte en metano y etano, al
someterlo a presiones elevadas), y finalmente,
fermentación y destilación (se obtiene alcohol a
partir de granos y de desechos vegetales).
En la conversión
biológica se aprovecha el calor que se obtiene de
la descomposición de las bacterias aeróbicas (las
que requieren oxígeno). Dos claros ejemplos son el
tratamiento de aguas negras y de fertilizantes
que, sometidos a un proceso de descomposición,
producen gas combustible gracias a la digestión
anaeróbica.
Desechos orgánicos
urbanos, energía del futuro
El ejemplo más
conocido de utilización de la biomasa es la
madera: la fuente de energía más antigua que
conoce la humanidad. La madera se compone de
celulosa y lignina, así como de almidón, bálsamos,
alcohol etílico, alcanfor, colorantes, taninos,
perfumes y resinas. Para producir calor durante la
combustión de la madera se requiere oxígeno y se
libera dióxido de carbono.
| Los desechos orgánicos de las grandes urbes, como
los componentes orgánicos de la basura, pueden
utilizarse para generar energía eléctrica que pase
a formar parte del sistema eléctrico global, pero
también sirven como productor de energético
doméstico directo, ya que en su descomposición
produce el gas metano que se puede distribuir por
las canalizaciones. Según la FAO (Organización de
las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación), está será una de las principales
fuentes de energía del futuro, ya que estima que
podrá utilizarse entre otras, para el transporte.
Aunque también señala que su uso lo determinará la
pura necesidad, porque se agotarán los
combustibles fósiles. |
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Ejemplo experimental
en Uruguay
En un gran
vertedero de basura de Montevideo se instaló una
planta procesadora. Se cavaron en el suelo grandes
fosas subterráneas que fueron rellenadas con
residuos fecales y cubiertos con arcilla, aislante
natural. En la primera fosa o celda se vertieron
80.000 toneladas de estos residuos. Este
dispositivo, que produce energía a partir de los
gases que libera la descomposición de la basura
orgánica, se encuentra en su fase inicial, pero se
prevé que genere un megavatio de potencia durante
20 años. Así, tendría la capacidad de alimentar
10.000 picos de luz de 100 watios encendidos las
24 horas del día durante 20 años o el consumo
promedio de 300 hogares.
El proceso de
descomposición de la basura tarda entre seis meses
y un año en iniciarse, pero después desprende gas
permanentemente durante 20 años. |