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Los famosos taxis
amarillos que invaden la Quinta Avenida seguirán
siendo amarillos, pero pronto tendrán el corazón
verde. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg,
que se ha propuesto poner a la ciudad a la cabeza
de la ecología nacional, anunció este martes que
en sólo cinco años toda la flota de 13.000 coches
llevará dentro un motor híbrido.
Mitad
gasolina, mitad electricidad. Mitad japonés (Toyota),
mitad estadounidense (Ford).
Al paso de caracol que se mueve el tráfico en la
Gran Manzana cabe augurar que la mayor parte de
los trayectos se harán con energía limpia, ya que
este tipo de automóviles sólo utiliza el
combustible de gasolina cuando pasa de cierta
velocidad.
Les
costará más embarcarse en esas persecuciones casi
policíacas que tanto aparecen en las películas, pero
al final del día los conductores lo agradecerán a su
paso por las gasolineras.
La ciudad estará también más a tono con la
moda ecológica del apostol Al Gore y artistas de
Hollywood como Leonardo Di Caprio y Cameron Diaz,
que desde hace años presumen de su compromiso
medioambiental al volante de uno estos híbridos.
En los mil taxis de motor híbrido que rodarán por
las calles para el año que viene habrá menos
glamour, porque la ecología no logrará cambiar a
tanto pakistaní enganchado a una retahíla interminable
a través del BlueTooth, característica de un Nueva
York multicultural donde hay que abrirse paso como
en la jungla. La ciudad ostenta el mal lucido
segundo puesto en la lista de los peores conductores
del país, sólo superada por el Miami del exilio
cubano.
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Campaña por el mundo Su multimillonario alcalde, que se bajó el sueldo a
un dólar al año cuando sucedió a Rudy Giuliani, ha
visto la luz en la campaña por salvar al mundo del
cambio climático y se ha entregado al evangelio
ecologista con la fe del converso. La semana pasada
lideró a un grupo de 250 alcaldes del mundo que han
decidido tomar el volante de la salvación climática.
El 80% de las emisiones contaminantes parten de las
ciudades y éste es el margen en el que Bloomberg
piensa hacer milagros. No falta ya quien dice que
detrás de esta buena fe hay la esperanza de una
recompensa nacional en futuras campañas
presidenciales. |
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