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Visitar las islas Maldivas lo convierte a uno en
el testigo de la muerte lenta de una nación.
Y es que, además de haber sido bendecido con islas
paradisíacas acariciadas por el sol y blancas playas de
arena, este paraíso turístico recibió la maldición de
una catástrofe ambiental.
A primera vista, las señales del cambio climático son
casi imperceptibles. Pero, según el gobierno, el nivel
del mar ha aumentado hasta 0,9 centímetros cada año.
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Como el 80% de las 1.200 islas no están a más de un
metro por encima del nivel del mar, dentro de 100 años
las Maldivas podrían ser inhabitables.
Sus 360.000 pobladores tendrían que evacuar las
islas.
Muro
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No es de extrañarse entonces que las Maldivas hayan
sido el primer país en firmar el Protocolo de Kyoto, que
establece metas para la reducción de los gases que
provocan el efecto invernadero.
La capital, Malé, está rodeada de un muro de 3 metros
de altura. Su construcción tomó 14 años, costó US$63
millones y Japón pagó el 99% de los gastos.
Pero el muro sólo protege una de las 200 islas que
inhabitadas, y sólo ofrece una barrera contra las mareas
altas, y no contra la amenaza a largo plazo de un
aumento en el nivel del mar.
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En la isla de Kandholhudhoo, donde hay una alta
densidad de población, el 60% de los habitantes han
aceptado evacuar la isla en los próximos 15 años.
Quienes prefieran quedarse, tendrán que irse en algún
momento: las mareas altas inundan su casa cada tanto, y
hace poco el agua taladró un hoyo de 3 metros en su
barrera de concreto.
Los pescadores ya no pueden utilizar la "Nayik", una
guía climática con base en las constelaciones que
desde
hace siglos utilizan para orientarse.
El cambio climático la ha hecho irrelevante. El clima
se ha vuelto más volátil y menos predecible. La posición
de las estrellas no ofrece guía alguna.
Mitigación
El gobierno maldivo ha hecho todo lo posible para
mitigar los efectos del cambio climático.
La reforestación es estimulada para prevenir la
erosión de la playa y existe un plan para limpiar los
corales, que constituyen una barrera natural contra las
mareas.
Todas las escuelas enseñan ecología, una materia a la
que se le da la misma importancia que a la escritura y
la aritmética.
Los hoteles deben someterse a un riguroso examen de
impacto ambiental, y los constructores sólo pueden
levantar edificaciones en un 20% de las islas.
Presión moral
Pero quienes diseñan las políticas en Malé saben muy
bien que su destino está en manos de los políticos en
Delhi, Pekín, Moscú y Washington.
El presidente de las Maldivas, Maumoon Abdul Gayoom,
le escribió una carta a su homónimo estadounidense
George W. Bush en junio pasado, para pedirle de manera
muy optimista que ratifique el Protocolo de Kyoto.
Hasta ahora no ha recibido respuesta.
Esta pequeña nación enfrenta una tarea titánica:
persuadir al gobierno de Estados Unidos para que tome
decisiones con un impacto a largo plazo y con una
perspectiva global, en lugar de decisiones a corto plazo
con intereses nacionales.
Las Maldivas podrían ejercer una presión moral. Pero
no mucho más.
Así que visiten las Maldivas pronto, antes de que
desaparezcan. Un paraíso a punto de desaparecer,
Fuente: Nick Briant.