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Un
reciente informe (ver boletín de bioenergía del
pasado 14 de septiembre) contrario a los
biocarburantes atribuido a la Organización para la
Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ha
provocado una enérgica protesta de las asociaciones
de etanol de EE UU y Europea. Por su interés
reproducimos la carta enviada al secretario general
de la OCDE Ángel Gurria, firmada por Bob Dinneen, de
Renewable Fuels Association, y Rob Vierhout, de
European Bioethanol Fuel Association (eBIO):
| “Como representantes de la industria mundial de
producción de etanol, estamos muy preocupados por la
edición de una publicación por parte del Presidente
de la Mesa Redonda para el Desarrollo Sostenible de
la OCDE que critica el desarrollo mundial de los
biocombustibles. El citado documento ha sido editado
no por la OCDE, en cuyo sitio web no se puede
encontrar, sino por terceras personas con una agenda
antietanol. A pesar de contener la nota legal de que
«no refleja necesariamente las opiniones de la OCDE
o de los gobiernos de sus países miembros», dicho
documento ha sido descrito en los medios de
comunicación como un informe de la OCDE («El auge de
los biocombustibles es dañino y perjudicial, afirma
la OCDE» según se puede leer en el Globe and Mail
del 11 de septiembre de 2007). |
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Hasta
el momento no hemos escuchado ninguna versión
oficial de usted ni de ninguna persona con autoridad
de la OCDE que explique que este informe no refleja
las opiniones o políticas de su organización.
Igual y especialmente preocupante, el mencionado
documento potencialmente no autorizado carece de
argumentos, es sumamente partidista y aparentemente
contradice anteriores posturas de la OCDE que
apoyaban los biocombustibles como componentes
capaces de reducir los gases CO2. En breves
palabras, independientemente de que se haya hecho de
forma deliberada o no, en el documento aparece el
símbolo de la OCDE, ahora la OCDE es responsable de
lo que es una declaración sesgada de la expansión de
la producción y el consumo mundial de los
biocombustibles renovables. Con respeto y celeridad
solicitamos a la OCDE que específicamente niegue
tener algún tipo de relación con dicho informe por
no reflejar la política oficial de la organización.
Tan solo hace dos años el OECD Observer publicó una
artículo en que se afirmaba que «aumentar el uso de
los biocombustibles puede mejorar la seguridad de la
energía, reducir en gran medida los gases de efecto
invernadero y muchas emisiones contaminantes, y
mejorar el rendimiento de los vehículos. Su
producción también puede mejorar el desarrollo
económico rural». Aunque también en este artículo se
cuestionaba el uso de la tierra, el efecto sobre la
agricultura, la alimentación y el coste, sí dejaba
constancia de que: «Dados los beneficios, hay pocas
dudas de que muchos países de la IEA, entre ellos,
los EE. UU., Canadá y varios países europeos,
Australia y Japón están considerando o han adoptado
ya políticas que podrían propiciar en un uso de
biocombustibles significativamente mayor a lo largo
de la próxima década». Por último, y de considerable
importancia, el artículo concluía con que: «Si se
aplican por completo todas las políticas y
objetivos, el uso de biocombustibles podría más que
duplicarse en todo el mundo en los próximos cinco
años o en un periodo similar. Aunque eso significa
una cuota de etanol de gasolina de solo un 4 ó 5%,
supondría un salto enorme en una industria petrolera
que no se ha enfrentado a autentica competencia a lo
largo de un siglo».
Igualmente, en abril de 2004 en un documento oficial
de la OCDE, Special Issue on Climate Change Policies:
Recent Developments and Long Term Issues (Edición
especial sobre políticas ante el cambio climático:
avances recientes y asuntos alargo plazo) se leía lo
siguiente: «Los sistemas de transporte en la segunda
mitad de este siglo podrían estar dominados por
vehículos, barcos y aviones con emisiones de CO2 muy
bajas. Podría incluirse en este panorama una
combinación de tipos de vehículos:, vehículos de
pilas de combustible propulsados con hidrógeno,
vehículos eléctricos, vehículos que circulen con
biocombustibles y aviones propulsados con hidrógeno.
El hidrógeno, los biocombustibles y la electricidad
empleada en el transporte podrían producirse con un
nivel de emisiones de CO2, del pozo a la utilización
del vehículo, de prácticamente cero». Asimismo, el
informe señalaba que: «También se podrían utilizar
los biocombustibles para sustituir a la gasolina.
Como tal, ofrecen ventajas importantes en lo que a
la seguridad energética se refiere y un posible
nuevo potencial para el desarrollo agrícola».
Una de las cosas más decepcionantes del documento
emitido sin la aparente aprobación de la OCDE es que
no aprecia muchos de los cambios que están teniendo
lugar rápidamente en la producción, el transporte y
el consumo de biocombustibles.
• Cuando aborda el alarmante escenario de posible
«escasez alimenticia», el documento no reconoce los
importantes incrementos en la productividad por
acre. En los Estados Unidos, por ejemplo, los campos
de maíz por acre se han duplicado en los últimos
treinta años. Más importante aún, esto se ha
producido sin reducir aportaciones por acre.
• El documento carece de todo análisis verídico de
los factores que afectan a los precios de los
alimentos, siendo la energía el más importante de
ellos. En los EE. UU. el alto coste de la energía ha
tenido un efecto mucho mayor que el elevado precio
del maíz, en un margen de dos a uno.
• El documento no refleja una valoración realista de
lo que está sucediendo con el precio del grano y
otras materias primas de los biocombustibles. En
Europa, por ejemplo, la producción de biocombustible
consume solamente el 1,5% de grano. Los incrementos
de precio, no obstante, están claramente basados en
una serie de otros factores constatados en el
mercado mundial, a saber: fuerte demanda de China,
sequía en Australia (resultado del calentamiento del
mundo, se podría argumentar) y la especulación de
los inversores.
• En los Estados Unidos, mientras que el precio del
maíz aumentó inicialmente y llegó a su máximo en
enero, ha descendido desde entonces un 40%. ¿Por
qué? Porque el mercado ha obligado a los
agricultores a plantar más maíz y se espera obtener
una cosecha récord.
• El documento parece pasar por alto por qué la OCDE
y otras naciones decidieron apoyar los
biocombustibles en primera instancia, esto es,
reducir el consumo de petróleo que contribuye
notablemente al calentamiento del planeta, cuyas
principales áreas de producción están en el volátil
Medio Oriente y cuyos precios están controlados por
un cartel institucional.
• Queda implícito en el documento la creencia de que
el mundo puede seguir dependiendo del petróleo para
abastecer sus necesidades de combustible líquido.
Pero el precio mundial del petróleo se sitúa ahora
en 80 dólares el barril y probablemente aumentará
dadas las condiciones de los mercados emergentes.
Las iniciativas proporcionadas por los países de la
OCDE y otros ayudan a nivelar el terreno de juego y
a animar a los inversores a que financien un sector
nuevo y en desarrollo.
• El documento también pasa por alto todos los
incentivos que se han proporcionado y que se siguen
proporcionando a la producción de petróleo. Sin
comparar las prestaciones recibidas por los
productores de petróleo, difícilmente se puede
comparar con justicia los incentivos dados a los
biocombustibles en un vacío de política energética.
• La afirmación de que existen problemas económicos
y tecnológicos con los biocombustibles de celulosa o
de segunda generación es particularmente
preocupante. Los autores no argumentan sus
afirmaciones. No reconocen la existencia de una
empresa de la Comunidad Europea y otra en Canadá que
ya están produciendo etanol de celulosa ni mencionan
las que se están construyendo en los Estados Unidos
y en otras partes de la Comunidad Europea.
• Por último, el documento no concede importancia a
los esfuerzos que se están haciendo para establecer
estándares internacionales, eficaces y efectivos
acerca de la sostenibilidad de los biocombustibles.
Las iniciativas tanto unilaterales (varios estados
miembros de la UE) como multilaterales (Mesa Redonda
sobre Biocombustibles Sostenibles) hacen pensar que
pronto se conseguirá una norma internacional para la
biomasa sostenible y la producción de
biocombustibles que salvaguarde la diversidad y
garantice el ahorro de gases con efecto invernadero.
Es lamentable que la OCDE haya permitido que esta
publicación reciba amplia cobertura de los medios de
comunicación en un momento en el que todos los
países del mundo están buscando alternativas a los
problemas económicos y medioambientales causados por
la dependencia del petróleo. Brasil, los Estados
Unidos, la Unión Europea, Japón y otras naciones han
reconocido la importancia de los biocombustibles
como un medio para reducir los gases que están
propiciando el calentamiento del planeta y de
reforzar la seguridad de la energía. Aunque tengamos
que asumir un planteamiento equilibrado a la hora de
desarrollar nuevas fuentes de energía, especialmente
las renovables, también hemos de constatar hechos
fidedignos.
Basándonos en lo anteriormente dicho, Sr. Secretario
General, le instamos a que desacredite públicamente
el apoyo de la OCDE a este documento; a que declare
que fue publicado por terceras personas ajenas a la
OCDE; y que los gobiernos de la OCDE respalden y
fomenten claramente el desarrollo de los
biocombustibles como un medio de abordar los
problemas del calentamiento del planeta y de la
seguridad energética”. |