
El hombre que susurra a las ballenas
No es ficción, como es el caso de Robert Redford en el film 'El hombre que susurraba a los caballos'. Es real. David Rothenberg susurra a las ballenas y éstas le contestan. Mejor dicho, toca su clarinete y la ballena le responde con un canto en la misma tonalidad y frecuencia. Así pueden estar media hora, hasta que el cetáceo se cansa del juego y desaparece en el gran azul.
La prueba está en un documento sonoro en el que se puede escuchar cómo Rothenberg se adapta a los cánticos de varias ballenas en aguas de Hawai, y éstas responden como si de un diálogo se tratara. Los biólogos lo llamarían interactuar.
Si ese diálogo se ve en un diagrama de la grabación, se observa perfectamente cómo frecuencias, ritmos y tonos se suceden paralelamente durante el susurro de Rothenberg y una ballena jorobada, que según este polifacético estadounidense, "son las que más cantan y sólo lo hacen los machos".
Rothenberg no es biólogo. Es ornitólogo, músico de jazz y filósofo. Esta es la materia que imparte en el Instituto Tecnológico de Nueva jersey. Sus alumnos son arquitectos o ingenieros y les someten a complejas e ingeniosas preguntas filosóficas. "Yo siempre les contesto con mi clarinete, lo entienden mejor que si les doy la respuesta de un filósofo", afirma. Lo debe de hace aún mejor que Woody Allen porque sigue dando clases desde hace muchos años.
De sus otras actividades, la que más le gusta es interactuar con animales con susurros. Y lo hace con muchos géneros de especies: aves, cetáceos e insectos. "Toco para expresarme. Me ayuda a decir lo que quiero; esas cosas bonitas que el lenguaje no me permite. Y muchas personas me entienden, aunque sean de otras culturas, porque no existe nadie que esté en contra de la música".
Rothenberg sugiere que hay un principio universal en la música, un ritmo que compartimos los seres vivos de la Tierra. «No puedo afirmarlo, pero quizá se trate de un proceso evolutivo de los principios universales de la comunicación.