
China se debate entre el desarrollo y el medio ambiente
Pekín rechaza compromisos para reducir la emisión de gases nocivos. El país tiene 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo.
Huang Sha, en la provincia de Sichuan, era un pueblecito idílico hasta que una fábrica química pudrió el valle, secó los riachuelos, arruinó las cosechas, mató a los animales, multiplicó el cáncer e hizo que el Ejército devolviera a los jóvenes por salud insuficiente. Sin embargo, tras horas relatando tragedias, los campesinos no dudan: si la fábrica les ofreciera trabajo, acudirían de inmediato. El Gobierno chino adolece de una parecida esquizofrenia frente a los dos mayores problemas del país, pobreza y medioambiente, que parecen requerir tratamientos opuestos. China ha sacado en 20 años a 400 millones de personas de la pobreza, el mayor número en el menor tiempo de la historia, un éxito que ha reconocido la ONU pidiéndole la receta empleada. A cambio, el país es una calamidad ecológica, con 16 de las 20 ciudades más contaminadas del mundo, un tercio del territorio regado por lluvia ácida y el 70 % de sus ríos y lagos contaminados.
El problema le cuesta a China el 10 % del PIB y 750.000 muertes prematuras al año, según el Banco Mundial (Pekín reconoce 400.000), así que le sobran motivos egoístas para solucionarlo. Los esfuerzos no son tibios: China ha aprobado leyes para disminuir en un 20% el consumo de energía por unidad del PIB antes del 2010 y para elevar al 30% su energía renovable en el 2030. Los discursos oficiales aluden machaconamente al medioambiente y Pekín ya ha advertido a las provincias de que medirá su éxito no solo con el balance económico, como hasta ahora, sino también con el ecológico.
Pero China está aún lejos de erradicar la pobreza: la renta media de los 800 millones de chinos que viven en el campo (el 60% del total) es de 334 euros anuales, y más de 90 millones viven con menos de 70 euros. El 78% de la energía viene del carbón, principal causante del calentamiento global.